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Marita von Saltzen Cuentacuentos - Narradora oral
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Mesmo perro con distinta cola
Todos hablamos castellano pero…
En Venezuela: El guarito bajó de un taxi y se acercó a la catira en la panadería. -Hola. ¿Cómo amaneciste? -Bien. Chévere. -¿Qué más? - De fino para arriba. -¿Te provoca una Polar? - ¿A esta hora? Prefiero un tetero, arepas y queso de mano ¿Y tú? -Un negro. No: mejor una Regional con un pasapalo. Esperaron. Ella escribía una chuleta con su lapicero. Cuando vio los platos, dijo: -¡’Naguará! ¡Qué plasta! Emporró mucho y el cocinero es muy pichirre. -Está bien así –dijo él-. No te quejes, que este pasapalo está de pinga. Estaba todo tan delicioso, que se mancharon las franelas con la guasacaca.
En Colombia: El pelado bajó de una buseta y se acercó a la mona en el café. -¿Qui’hubo? ¿Cómo amaneces? -Bien (Con la malparidez alborotada, piensa) -¿Quieres una Costeña? -¿A esta hora? Prefiero un perico, arepas, patacones y huevos perico. ¿Y tú? -Un tinto. No: mejor una Águila con un pasaboca. Esperaron. Ella escribía un papel pequeño con su lapicero. Cuando vio los platos, dijo: -¡Mierda! ¡Qué intenso! Demoró mucho y el cocinero es muy amarrado. -Está bien así –dijo él-. No te quejes, que este pasaboca es una chimba. Estaba tan delicioso, que se mancharon las camisetas con la salsa.
En México: El chavo bajó del camión y se acercó a la güera en la cafetería. -¿Cómo estás? -Muy bien ¡Padrísimo! -¿Se te antoja una Coronita? -¿Tan temprano? Prefiero un café con leche y pan. ¿Y tú? -Un americano. No: mejor una Modelo y algo de botana. Esperaron. Ella escribía un papel pequeño con su pluma. Cuando vio los platos, dijo: -¡Híjole! ¡Qué pesado! Tardó un chingo y el cocinero es un codo. -Está bien así-dijo él-. No te quejes, que esta botana está chida. Estaba tan delicioso, que se mancharon las playeras con la salsa.
En España: El muchacho bajó del minibús y se acercó a la rubia en la cafetería. -¿Cómo estás, guapa? -Muy bien, ¿y tú? -¿Te apetece una Mahou? -¿A esta hora? Prefiero una leche manchada con croissants. ¿Y tú? -Un café. No: mejor una Águila con tapas. Esperaron. Ella escribía una chuleta con su bolígrafo. Cuando vio los platos, dijo: -¡Hostias! ¡Qué pesao! Ha demorado demasiado y el cocinero es muy tacaño. -Está bien así –dijo él-. No te quejes, que estas tapas molan. Estaba tan delicioso, que se mancharon las camisetas con la salsa.
En Argentina: El pendejo bajó del colectivo y se acercó a la rubia en el bar. -Hola, ¿qué tal? -Bien ¿o te cuento? -¿Tenés ganas de una Quilmes? -¿A esta hora? Mejor una lágrima con un par de facturas. ¿Y vos? -Un café. No: mejor una Bieckert con una picada. Esperaron. Ella escribía un machete con su birome. Cuando vio los platos, dijo: -¡Carajo! ¡Qué plomazo! Tardó un montón y el cocinero es un amarrete. -Está bien así –dijo él-. No te quejés, que esta picada es una masa. Estaba tan rico, que se mancharon las remeras con la salsa.
Marita von Saltzen
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