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Marita von Saltzen Cuentacuentos - Narradora oral
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DICEN QUE DICEN… Historias de la flora y la fauna de nuestro Moro por Marita von Saltzen LA PALMERA
Uno de los árboles más lindos de los que adornan nuestros jardines es la palmera. En El Moro se ven varios tipos de palmeras. De las dos mil ochocientas especies existentes, las más comunes en nuestra tierra son la washingtonia, la canaria y la pindó.
Para los guaraníes, al principio era el caos. En ese caos, Ñamandú, “Nuestro Padre”, se creó a sí mismo: a la manera de una planta, se afirmó sobre sus raíces, extendió sus ramas, construyó su copa y se irguió como árbol hacia el cielo. La luz de su corazón iluminó las tinieblas y concibió la Palabra Creadora que después regalaría a los hombres en el lenguaje. Después, nació a los otros tres dioses principales (Tupá era uno de ellos) y los cuatro juntos crearon la Primera Tierra. Ñamandú cruzó dos varas indestructibles y apoyó a la Tierra sobre ellas. Para impedir que los vientos la movieran, la sostuvo con cinco palmeras pindó sagradas (la primera en el centro y cada una de las otras en un punto cardinal). En esas cinco columnas, apoyó el firmamento. Armonizó la tierra con el mar y ordenó los días y las noches. Anduvieron primero los animales y luego los hombres.
Mucho tiempo después, durante un gran diluvio universal, las aguas cubrieron totalmente la tierra. Solo una familia pudo salvarse porque todos sus miembros lograron subir a un gran pindó. Vivieron en la palmera y se alimentaron de sus frutos hasta que paró la lluvia y pasó la inundación. Entonces, se instalaron a orillas del río Araguay, en el Mato Grosso. La familia elegida para repoblar la tierra tenía dos hijos varones: Tupí y Guaraní. Cuando los padres murieron, ellos y sus esposas continuaron su vida en la casa paterna. Allí criaron a sus hijos y se dedicaron a la siembra, a la pesca y a la caza. Siempre juntos, los hermanos trabajaban y se divertían. De la tierra obtenían frutas como el ananá y la banana, y también batata, maíz y mandioca que sus mujeres cocinaban. Ellas eran hermosas, ágiles y habilidosas. Hilaban el algodón y tejían su ropa. En la casa había un papagayo que hablaba mucho, quizás demasiado. Un día, el pájaro comenzó a hablar de traiciones y los dos hermanos se enfrentaron con desconfianza y con rencor. Finalmente, decidieron separarse. Tupí se quedó en el lugar y su descendencia pobló Brasil, hacia el norte. Guaraní se alejó hacia el sur y, con su mujer y sus hijos, se estableció en lo que hoy es Paraguay. |