Marita von Saltzen

Cuentacuentos - Narradora oral


Caza las palabras y las hace volar

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Para qué hablar bien, si nos entendemos igual

 

Recibí este artículo de Martha Sibre, cuyo título tomé prestado para esta nota.

Es cierto que, muchas veces, nos entendemos hablando de cualquier manera. Pero esa clase de comunicación se limita a expresiones simples, a alguna información acotada. 

Dos supuestos “chicos” se entienden, a través de celulares, por medio de mensajes de texto como el siguiente:

Hola kpo: anoxe no te yamé xq yovia y no volví a ksa. Vnis hoy? Salu2.  (traducción: Hola capo: anoche no te llamé porque llovía y no volví a casa. ¿Venís hoy? Saludos.)

Los adultos mayores contemplamos, con cierto espanto, este triste destino de una lengua que es la tercera con más hablantes en el mundo; sin entrar en el análisis de su riqueza, expresividad y otras virtudes. Porque, además, sabemos que este mensaje es apenas una pequeña muestra del paulatino y constante deterioro de la expresión oral y escrita, que se ha producido en toda la enseñanza y en los medios de comunicación.

La cuestión no termina ahí; el defectuoso uso de la lengua no sólo provoca una distorsión en la comprensión del receptor, sino que inhibe su propio pensamiento.  

Entre las conclusiones que emitió el III Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE), Rosario – 2005, se puede extractar lo siguiente:

La escritura y la lectura permiten la reflexión. Leer y releer, escribir y pensar elevan el diálogo racional con los otros y amplia el espacio de la inteligencia.

La lengua que habla una sociedad es fiel representación de su modo y calidad de vida.

Leer bien y escribir correctamente constituyen el único camino para recuperar la capacidad de pensamiento y de sensibilidad de una sociedad.

 En cuanto a la expresión oral, todos los días oímos frases que muestran pobreza de vocabulario e incapacidad para enhebrar las palabras, diálogos envueltos en las harto repetidas “no, nada”, “digo”, “tipooo ... “.

Ante tan desolador panorama, sin embargo, nunca tuvimos como ahora, un acceso tan rápido y fácil a la información para perfeccionar el lenguaje.  Diccionarios de términos, enciclopédicos, de sinónimos, de dudas, textos de los más diversos temas y hasta libros completos podemos leer o consultar con algunos clics en  la computadora. No es necesario manipular pesados tomos ni trasladarse a una biblioteca. No hay excusas que justifiquen hablar mal. Si hay tiempo y dinero para “chatear” y para los juegos en red, ese mismo tiempo se puede utilizar para buscar información que enriquezca la comunicación y expanda el pensamiento.  

Martha  Sibre

Licenciada en Ciencias de la Información (UNLP)

mdsibre@hotmail.com

Estoy segura de que los adolescentes de hoy tienen un lenguaje cada vez más reducido, es cierto. Pero yo no lo atribuiría a esa creatividad que demuestran a la hora de enviar mensajes de texto, para ahorrar tiempo y esfuerzo. Cuando enseñaban taquigrafía en los colegios, los chicos la usaban para tomar apuntes (algunos, los más rápidos), pero a nadie se le hubiera ocurrido escribir una carta de amor con ese sistema y, además, no servía para hablar. Los chicos de ahora tampoco lo hacen. ¿Por qué antes el vocabulario era más amplio y más correcto? Es que leíamos, casi todos leíamos mucho. Y las maestras nos corregían los errores de ortografía, porque a nadie se le hubiera ocurrido que una marca en rojo nos podía quitar las ganas de crear, de imaginar, de escribir. Los traumas no se habían “inventado” todavía.

Creo, definitivamente, que la llave está en la promoción de la lectura. En un curso de 4º año de 35 alumnos, solamente la quinta parte levantó la mano cuando pregunté: “¿Quiénes tienen la costumbre de leer por placer?”. Pero no todo está perdido: muchos empiezan a leer cuando viven solos o cuando tienen que viajar para ir al trabajo (en los medios de transporte, por suerte, no hay televisión ni computadoras, aunque sí funcionan los teléfonos celulares…). A la hora de enfrentar la realidad cotidiana, el mundo real más allá de las paredes del colegio secundario, tendrán que expresarse correctamente o no podrán sobrevivir. Y saben hacerlo; saben, pero no quieren.

 

Martha: Es cierto todo lo que decís. Pero ¿intentaste alguna vez pedirle a algún chico que, por motu propio, deje de chatear o de jugar para buscar información? Si yo hubiera tenido una computadora a los quince o veinte años, seguramente tampoco lo hubiera hecho.

Marita von Saltzen