Marita von Saltzen

Cuentacuentos - Narradora oral


Caza las palabras y las hace volar

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Los géneros literarios

 

 

Las obras literarias (aunque son una unidad en sí mismas) pueden agruparse en tres géneros: épico, lírico y dramático.

El género épico o narrativo es objetivo. El autor relata hechos vividos por los personajes. Hay cuentos y novelas que admiten diferentes variantes con respecto a sus personajes, los hechos que acontecen y los ambientes en que se desarrolla la acción. Hay otras piezas narrativas: el apólogo, la leyenda y la fábula.

La forma expresiva esencial del género narrativo es la prosa.

El género lírico es subjetivo. El autor expresa vivencias y sentimientos de su mundo interior. Es una reacción emocional a los estímulos del mundo exterior.

La forma expresiva esencial de la lírica es el verso, aunque la prosa poética también puede serlo.

El género dramático o teatral es la representación de una acción que interpretan varios personajes dentro de un escenario y frente a un público. La obra se divide en actos y éstos, a su vez, en escenas y cuadros.

La forma expresiva fundamental del género dramático es el diálogo, en prosa o en verso.

 

Novela y cuento

La novela es una obra literaria en prosa con una estructura abierta, en la que las acciones se ramifican.

En el cuento, en cambio, hay un desarrollo simple y breve de los hechos con predominio de un personaje.

Tanto en una como en otro, el narrador puede utilizar la primera o la tercera persona. Puede ser un narrador que observa objetivamente lo que sucede o un narrador omnisciente, o sea, que sabe todo lo que sucede y lo que sienten los personajes.

Muchas veces hay diálogos entre los personajes, que animan y enriquecen el contenido de la historia.

 

(Fuente: “Lengua y literatura” de Graciela Molina de Cogorno y Blanca Di Tella de Uriarte – Editorial Troquel S.A. – 1984)

 

Y aquí van unos consejos de Horacio Quiroga para el que quiera escribir cuentos; algunos también sirven para el que los narra. En el primero, me quedé pensando: ¡son tantos los autores que me gustan! Pero creo que mi “dios” es Eduardo Galeano, que tiene el don de la palabra exacta en el momento justo. ¿Y el tuyo?

 

DECÁLOGO DEL CUENTISTA

 

1)      Cree en un maestro Poe, Maupassant, Kipling, Chejov, como en Dios mismo.

 

2)      Cree que su arte es una cuna inaccesible; no sueñes con dominarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.

 

3)      Resiste cuando puedas la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.

 

4)      Ten fe ciega, no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

 

5)      No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.

 

6)      Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: “desde el río soplaba un viento frío”, no hay en la lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla; una vez dueño de tus palabras, no te preocupes por observar si son entre sí consonantes o asonantes.

 

7)      No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

 

8)      Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta aunque no lo sea.

 

9)      No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.

 

10)  No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno.

(Horacio Silvestre Quiroga)

 

 

Marita von Saltzen