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Cuenta una leyenda guaraní, que
hubo hace tiempo una guerra entre los pájaros. En un bando estaban los
gavilanes y los halcones dirigidos por el águila; en el otro, al mando
del carancho, peleaban los jotes, los chimangos, los tordos y otros
pájaros. En la lucha, el primer grupo fue el triunfador. Los vencidos se
retiraron heridos y agotados. Al tordo le incendiaron la casa y se quedó
sin lugar para vivir. Pudo escapar, pero su plumaje quedó negro para
siempre.
Una copla criolla se refiere
al renegrido diciendo:
Haragán y roba nidos
al
tordo suelen llamar.
El
tordo escucha y se calla,
porque sabe que es verdad.
Cuentan que justo el día en
que los pájaros tenían que asistir a una lección sobre la construcción
del nido, a la vizcacha se le ocurrió hacer una gran fiesta por la
noche.
—Nosotros no podremos ir
—aseguraron los pájaros cuando recibieron la invitación.
—¿Cómo que no? ¿Ustedes están
locos? ¡Con lo que me gustan las fiestas! —dijo el tordo, y mostró con
orgullo su traje negro de gala.
—Yo iré también —exclamó la
lechuza
El tordo, su esposa y la
lechuza fueron los primeros en llegar al baile. Las ranas y los grillos
pusieron música a la reunión.
Todos comieron, bebieron y
bailaron hasta el amanecer. La pareja de tordos se llevó el premio al
mejor bailarín. Entre aplausos y risas, el tordo pasó una noche
fantástica.
Cuando volvió de la fiesta, el
renegrido se encontró con que todos los pájaros habían reunido ramas,
pajas, hojas y barro y cada uno había construido su nido según las
técnicas que les habían enseñado.
Los tordos ya no sabían cómo
hacerlo ni tenían modo de aprender. Tampoco les importó demasiado: desde
entonces, duermen en donde los sorprende la noche y usan los nidos de
los otros para tener sus crías.
El Tordo baila que baila,
¡cómo le gusta bailar!
Por andar de fiesta en fiesta
se
olvida de trabajar.
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