Marita von Saltzen

Cuentacuentos - Narradora oral


Caza las palabras y las hace volar

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DICEN QUE DICEN…

Historias de la flora y la fauna de nuestro Moro

por Marita von Saltzen

EL TORDO

Es tan negro el tordo macho que, cuando se para al sol, parece azul. Prefiere los lugares abiertos y se lo encuentra en la mayor parte de los campos de Sudamérica.

Se alimenta de semillas de gramíneas y, a veces, de insectos.

Es uno de los pocos pájaros que no construye su nido, sino que pone sus huevos en nidos de otros pájaros. Tampoco incuba sus huevos ni cría a los pichones.

Cuando la hembra –que es de color gris parduzco- está fecundada, busca un nido de algún ave grande como ella que esté empollando y alimente a sus pichones con pequeños insectos. Como los huevos son de varias formas,

 tamaños y colores, las otras aves los aceptan como propios. A veces el tordo arroja al suelo algún huevo ajeno para hacer más lugar en el nido. Como los nuevos torditos nacen antes que los otros pichones, a menudo las madres adoptivas descuidan a sus propias crías para alimentarlos. Así resulta ser el tordo un verdadero controlador demográfico.

Sin embargo, de vez en cuando, la tijereta, la calandria y el pecho amarillo reconocen a los huevos extraños por el color. También el hornero suele darse cuenta, pero por el tamaño. Entonces todos ellos los arrojan fuera del nido. Pero siempre alguno queda.

Los renegridos se reúnen para comer, volar y dormir. Los árboles son su refugio.

 

Cuenta una leyenda guaraní, que hubo hace tiempo una guerra entre los pájaros. En un bando estaban los gavilanes y los halcones dirigidos por el águila; en el otro, al mando del carancho, peleaban los jotes, los chimangos, los tordos y otros pájaros. En la lucha, el primer grupo fue el triunfador. Los vencidos se retiraron heridos y agotados. Al tordo le incendiaron la casa y se quedó sin lugar para vivir. Pudo escapar, pero su plumaje quedó negro para siempre.

Una copla criolla se refiere al renegrido diciendo:

Haragán y roba nidos

al tordo suelen llamar.

El tordo escucha y se calla,

porque sabe que es verdad.

Cuentan que justo el día en que los pájaros tenían que asistir a una lección sobre la construcción del nido, a la vizcacha se le ocurrió hacer una gran fiesta por la noche.

—Nosotros no podremos ir —aseguraron los pájaros cuando recibieron la invitación.

—¿Cómo que no? ¿Ustedes están locos? ¡Con lo que me gustan las fiestas! —dijo el tordo, y mostró con orgullo su traje negro de gala.

—Yo iré también —exclamó la lechuza

El tordo, su esposa y la  lechuza fueron los primeros en llegar al baile. Las ranas y los grillos pusieron música a la reunión.

Todos comieron, bebieron y bailaron hasta el amanecer. La pareja de tordos se llevó el premio al mejor bailarín. Entre aplausos y risas, el tordo pasó una noche fantástica.

Cuando volvió de la fiesta, el renegrido se encontró con que todos los pájaros habían reunido ramas, pajas, hojas y barro y cada uno había construido su nido según las técnicas que les habían enseñado.

Los tordos ya no sabían cómo hacerlo ni tenían modo de aprender. Tampoco les importó demasiado: desde entonces, duermen en donde los sorprende la noche y usan los nidos de los otros para tener sus crías.

El  Tordo baila que baila,

¡cómo le gusta bailar!

Por andar de fiesta en fiesta

se olvida de trabajar.