Marita von Saltzen

Cuentacuentos - Narradora oral


Caza las palabras y las hace volar

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DICEN QUE DICEN…

Historias de la flora y la fauna de nuestro Moro

por Marita von Saltzen

EL EUCALIPTO

Altos, perfumados, imponentes, los eucaliptos embellecen la calle de entrada en el puesto nº 2 y adornan varios jardines. Sus troncos anchísimos, su altura increíble y su sombra fresca detienen el paso del caminante que no puede resistir su encanto.

 

Pero no solo es  un adorno natural: este árbol es buscado por su madera, que tiene diferentes aplicaciones según la especie.

Además,  el eucalipto tiene cineol o eucaliptol , sustancia con propiedades antisépticas de las vías respiratorias y urinarias. ¿Quién no ha hecho, alguna vez, inhalaciones con hojas de eucalipto y agua para aliviar los síntomas de una gripe, mejorar una bronquitis o calmar la tos?

A partir de hojas frescas se obtiene un aceite esencial  con el que se fabrican ungüentos y se perfuman los ambientes. Dicen que su aroma quita las malas ondas después de una discusión, ayuda a ser exitoso y aclara las ideas. ¿Por qué no probar?

 

El eucalipto es originario de Australia. Una vez, en el principio de los tiempos, en el Tiempo del Sueño, un grupo de aborígenes australianos juntó ramas para preparar una fogata y con ella entrar en calor y cocinar. Entre esas ramas, había algunas de eucalipto. Pusieron la madera y encendieron el fuego. Un ruido extraño los sorprendió.

-¿Qué es ese sonido tan raro? -se preguntaron mientras interrumpían la preparación de la comida- ¿Un espíritu maligno?

Se alejaron asustados, pero cuando comentaron que el sonido, en realidad, era agradable, alguno se animó a acercarse para mirar el fuego con atención.

No era maligno el espíritu: era el del viento, que soplaba a través de un tronco de eucalipto ahuecado por termitas que lo estaban royendo. Un hombre tomó el leño y lo sopló para no dañar a las termitas. Un sonido vibrante, grave y profundo  hizo sentir a todos que la Madre Tierra los protegía. Y la noche fue iluminada por las estrellas, que eran las termitas proyectadas hacia el cielo.

Así nació el instrumento que llamaron “didgeridoo”. Con él acompañan sus ritos, cantos y bailes y establecen contacto con los antepasados.

 

Y acá les regalo un texto de Wimpi, escritor uruguayo, para que sonrían un rato:

EL TESTARUDO

Wimpi

Ni los viejos viejos como el agujero del mate habían conocido -jamás de los jamases- a un hombre más caprichoso que Baudilio Piñón.

-Que no sirva pa ofenderlo, pero Baudilio ej’una mula…, decían todos en el pago.

No daba lo que se dice el brazo a torcer. Una ocasión al salir de los ramos generales del vasco Barrabeitúa, bastante cargado de ginebra, montó al caballo al revés: mirando para la cola. Y Avelino Camejo y Agapito Santillán, al verlo le gritaron:

-Montó al revés, don Piñón.

Y él les contestó, todo encocorado:

-¡Comu’al revés! ¿Acaso ujtede saben pa’qué lao voy?

Famoso.

Una vez Baudilio subió a un eucalipto a cortar una rama y, sin darse cuenta, se puso a serruchar justo la rama en la que se había montado. En eso pasaba, en un entrepelado garrón moro, Higinio Barcala y, al verlo, sofrena el montado y le grita:

-Mire que se ejtá serruchando el asiento, aparcero, y si se cae de esa altura -Dios libre y guarde- nu’hay ungüento que lo salve.

Y Baudilio, ni caso. Dele  serruchar, nomás.

De repente se oyó un crujido. Salieron corriendo de las casas la mujer de Baudilio -Wenceslada- los gurises y los perros. Todos a ver. Baudilio estaba desparramado abajo del eucalipto. Entonces el mayor de los gurises -Medardito- agarró caballo y salió zumbando a buscar doctor. Que cuando vino el doctor y vio el caso, no sabía por dónde empezar. Nervioso, él. Cose acá, cose allá. Fumando y haciéndose cebar mate, mientras.

-Si no lo armamos en caliente, acá no hay salvamento…-dijo.

Pero resulta que con el apuro, le pegó la pierna al revés a Baudilio. Con el talón para adelante. Y cuando lo dejaron levantar, al tiempo, nunca más pudo andar a pie. Porque daba un paso con la pierna que tenía al derecho e iba para adelante, pero cuando daba el otro paso con la pierna que tenía al revés, reculaba. Y siempre estaba en el mismo lado.