Marita von Saltzen

Cuentacuentos - Narradora oral


Caza las palabras y las hace volar

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DICEN QUE DICEN…

Historias de la flora y la fauna de nuestro Moro

por Marita von Saltzen

EL CHINGOLO

 

Muchos lo confunden con el gorrión por su parecido en el color y la manera de andar. Sin embargo, el gorrión es europeo y fue introducido durante la presidencia de Domingo F. Sarmiento; por eso, es más citadino y se lo encuentra en lugares poblados.  En cambio el chingolo es americano y es el que vemos en zonas campestres. Ambos tienen el mismo color marrón, pero el chingolo viene con “gorrito”: un pequeño copete en su cabeza.

Se alimenta de semillas y de insectos. Es simpático y confiado y su trino es suave y dulce

En la primavera, macho y hembra construyen el nido con palitos y hierba, y crines como tapizado. Lo hacen en lugares bajos como matorrales, matas de paja o ramas a unos dos metros de altura; nunca en lo alto de un árbol. Allí dejan cinco huevitos azulados con pintas marrones, que la hembra empolla. Si algún tordo le deja su huevo, ella también lo empolla y lo cuida hasta que aprende a volar.

Como anda por todo el país, según la zona recibe un nombre diferente: chingolo, incancho, afrechero, cachilo, chuschín, vichi , siguá, chírcoli o aaco.

 

En Catamarca, cuentan que el Arca de Noé, después del diluvio universal, había quedado en lo alto de una montaña. La comida y la bebida escaseaban, pero para volver al llano era necesario que alguno fuera a mirar cómo estaba todo y volviera rapidito. En asamblea, se eligió al chuschín, que era ágil y veloz.

El chuschín vio que todo estaba en orden: los ríos en su lecho, las aguas tranquilas, las montañas reflejadas en las lagunas. Y se dedicó a disfrutar del paisaje, olvidado de su misión.

Al tiempo, recordó a sus compañeros del Arca y regresó.

—¿Qué pasó? —le preguntaban ansiosos.

—¿Dónde estuviste para tardar tanto? ¡Acá casi no hay comida! —ya estaban un poco indignados.

—¿Te olvidaste de nosotros? —preguntaban enojadísimos.

Decidieron castigarlo: lo engrillaron y lo metieron preso. Por eso, desde entonces, camina a los saltitos y lleva un gorro de presidiario.

 

En Santiago del Estero, cuentan que una mañana muy fría, las patas del incancho quedaron sujetas por un trozo de escarcha, como si fuera un cepo.

—Solcito, derretime el hielo —pidió.

—No puedo porque la nube me tapa —contestó el sol.

—Nube, por favor, correte para que el sol me derrita el hielo.

—No depende de mí. Es el viento el que me mueve —aseguró la nube.

—Viento, ¿podés soplar la nube?

—No, porque me ataja el quincho.

El quincho le dijo que estaba muy ocupado porque lo quemaba el fuego. El fuego necesitaba al agua para apagarse. El agua era frenada por la piedra.

—Solo el hombre puede moverme —afirmó la piedra.

Finalmente, el hombre solucionó su problema. Pero el pájaro ya estaba acostumbrado a su cepo, así que siguió andando a los saltos.

Desde entonces, el chingolo vive cerca del hombre, allí donde construye una casa y planta un árbol. Siempre está dispuesto a hacerle compañía.

 

Dicen que dicen… que cuando canta a medianoche, al otro día habrá viento; que anuncia visitas si llega al patio de una casa; que el canto es como un sollozo si va a nacer un varón (porque lo podrá matar con una honda) y alegre si nacerá una nena (porque molerá el grano y él tendrá comida).