Marita von Saltzen

Cuentacuentos - Narradora oral


Caza las palabras y las hace volar

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El uso de la coma

 

La coma es un signo de puntuación simpático, útil y práctico, pero no es el único y no se acomoda a todas las circunstancias.

Cuando Graciela Cabal leía, la maestra le enseñaba a hacer pausas: tenía que contar hasta uno cuando era una coma, hasta dos en el punto y coma, hasta tres en el punto seguido y hasta cuatro (y a ella le parecía una exageración) en el punto y aparte. Y éste es el motivo de la puntuación: hacer pausas para hacer más clara la lectura y para facilitar la comprensión del texto.

 Las enumeraciones van entre comas, salvo la “y” del final, que reemplaza la coma:

                        En el canasto, había peras, manzanas, sandías y melones.

Cuando lo que se enumera es muy largo, se usa el punto y coma en lugar de la coma.

 

Los vocativos van entre comas:

                        Es así nomás, queridos lectores, así de simple.

Las aposiciones, también:

                        La golondrina, pájaro blanco y negro, anuncia la primavera.

 

Nunca se separan el sujeto y el predicado por una coma:

                        El hombre salió de su casa temprano.

            Y no:   El hombre, salió de su casa temprano.

 

 Sí se pone coma para separar un circunstancial:

                        El hombre, aquel día, salió de su casa temprano.

Así, si sacamos eso que está entre comas, la oración sigue igual que antes.

 Otro ejemplo:    Te aseguro que, de acuerdo con mi carta anterior, no faltaré a esa cita.

La coma va después de “que”, porque si sacamos lo que está entre comas, se puede leer el texto con sentido, como si “de acuerdo con mi carta anterior” estuviera entre paréntesis:

                        Te aseguro que no faltaré a esa cita.

 

 También se usa la coma para reemplazar al verbo:

                        El traje de él era azul; el de ella, rosa.

 

 Siempre va coma antes de la palabra “pero”.

                        Ella era fea, pero algo en sus ojos llamaba mucho la atención.

Pero no abusemos de la coma: para separar oraciones, se usa el punto (para poder contar hasta tres). Y recordemos que cuando cambia el sujeto, cambia la oración. Otra cosa es el predicado compuesto (con más de un verbo y el mismo sujeto).Sin embargo, tengamos en cuenta que cuando la oración es muy larga, conviene separar las acciones con punto y coma (y contar hasta dos).

                        Se levantó de la cama cuando apenas amanecía, pero no necesitó prender el velador; caminó despacito para no despertar a su mujer que roncaba a pata suelta; entró al baño, cerró la puerta y leyó la carta que había guardado en el bolsillo del pijama.

Cuadro de texto: En el siguiente ejemplo una coma vale un euro:
Café, puro y copa a un euro cada uno son... tres euros.
Café puro y copa a un euro cada uno son... dos euros.
 


 

 

 

Cuadro de texto: EL TESTAMENTO
Se cuenta que un señor, por ignorancia o malicia, dejó al morir el siguiente testamento sin signos de puntuación: “Dejo mis bienes a mi sobrino Juan no a mi hermano Luis tampoco jamás se pagará la cuenta al sastre nunca de ningún modo para los jesuitas todo lo dicho es mi deseo”. El juez encargado de resolver el testamento reunió a los posibles herederos, es decir, al sobrino Juan, al hermano Luis, al sastre y a los jesuitas y les entregó una copia del confuso testamento con objeto de que le ayudaran a resolver el dilema. Al día siguiente cada heredero aportó al juez una copia del testamento con signos de puntuación.
- Juan, el sobrino:
”Dejo mis bienes a mi sobrino Juan. No a mi hermano Luis. Tampoco, jamás, se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo”. 
- Luis, el hermano:
”¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¡A mi hermano Luis!. Tampoco, jamás, se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo”. 
- El sastre:
”¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco, jamás. Se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo”. 
- Los jesuitas: 
”¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco, jamás. ¿Se pagará la cuenta al sastre? Nunca, de ningún modo. Para los jesuitas todo. Lo dicho es mi deseo”. 
- El juez todavía pudo añadir otra interpretación:
”¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco. Jamás se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo”.
Así que el señor juez, ante la imposibilidad de nombrar heredero, tomó la siguiente decisión:
”... por lo que no resultando herederos para esta herencia, yo, el Juez me incauto de ella en nombre del Estado y sin más que tratar queda terminado el asunto”. 
 

EL TESTAMENTO

Se cuenta que un señor, por ignorancia o malicia, dejó al morir el siguiente testamento sin signos de puntuación: “Dejo mis bienes a mi sobrino Juan no a mi hermano Luis tampoco jamás se pagará la cuenta al sastre nunca de ningún modo para los jesuitas todo lo dicho es mi deseo”. El juez encargado de resolver el testamento reunió a los posibles herederos, es decir, al sobrino Juan, al hermano Luis, al sastre y a los jesuitas y les entregó una copia del confuso testamento con objeto de que le ayudaran a resolver el dilema. Al día siguiente cada heredero aportó al juez una copia del testamento con signos de puntuación.

- Juan, el sobrino:
”Dejo mis bienes a mi sobrino Juan. No a mi hermano Luis. Tampoco, jamás, se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo”.

- Luis, el hermano:
”¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¡A mi hermano Luis!. Tampoco, jamás, se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo”.

- El sastre:
”¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco, jamás. Se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo”.

- Los jesuitas:
”¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco, jamás. ¿Se pagará la cuenta al sastre? Nunca, de ningún modo. Para los jesuitas todo. Lo dicho es mi deseo”.

- El juez todavía pudo añadir otra interpretación:
”¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco. Jamás se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo”.
Así que el señor juez, ante la imposibilidad de nombrar heredero, tomó la siguiente decisión:
”... por lo que no resultando herederos para esta herencia, yo, el Juez me incauto de ella en nombre del Estado y sin más que tratar queda terminado el asunto”.

Marita von Saltzen